
Vamos a volver con temas delicados y que van a fastidiar a más de uno, pero eso de que un jefe y/o dueño esté en todos los procesos, la verdad no es algo de que estar orgulloso, estás colocando techo a tu crecimiento y uno bien bajito.
Llamémoslo “operitis”, la obsesión de ser el bombero apaga incendios y claro, chévere porque te sientes útil y estás involucrado en el diario de tu empresa, pero ¿quién está liderando la empresa? Esto lo único a lo que conlleva es que te estás convirtiendo en el empleado más costoso de tu propia empresa. ¿De verdad tiene sentido que gastes tu tiempo en tareas que alguien más podría hacer igual o mejor que tú? El gallo es que uno se convence de que nadie lo va a hacer con nuestro «toque».
Ese cuento ya hay que acabarlo, si realmente quieres estatus y libertad, debes aprender a soltar y eso es algo que le ha pasado seguramente a muchos empresarios, pero son procesos que se deben vivir, pulir, mejorar y seguir creciendo (sin el techo).
Si al final del día terminas agotado pero sientes que no avanzaste ni un centímetro en tu visión a largo plazo, tienes operitis y lo más jodido es que la cura es amarga, porque implica confiar en los demás, que no es fácil, y aceptar que tu valor ya no está en lo que haces con las manos, sino en lo que decides con la cabeza. Para eso montaste esta empresa en primer lugar, ¿no? No te conviertas en el empleado más caro y estresado, no vale la pena.

